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15/1/26

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Ayudar a los niños con TDAH y TEA en las transiciones diarias

por Tasha McKinney, M.Ed.

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Gestión de las transiciones diarias

Todos experimentamos varias transiciones a lo largo del día, desde casa al trabajo o la escuela, desde trabajar en un proyecto hasta almorzar, desde jugar hasta prepararnos para irnos a la cama. Aunque cambiar de tarea o actividad es algo normal en nuestra vida cotidiana, las transiciones suelen ser difíciles para los niños con TDAH o TEA. 

¿Te encuentras repitiendo constantemente a tu hijo que deje de hacer una cosa y empiece a hacer otra? ¿Estas peticiones suelen acabar en negativas o rabietas? Estas dificultades con la transición pueden ser muy frustrantes, especialmente cuando se repiten con frecuencia. Empecemos por analizar por qué los niños con TDAH y TEA tienen dificultades para cambiar de tarea. 

Por qué las transiciones son difíciles

Naturalmente, algunas transiciones diarias implicarán pasar de una tarea más deseable a otra menos deseable, como apagar el iPad para limpiar o terminar la hora del cuento para irse a la cama. Las transiciones a una actividad menos deseable serán difíciles para cualquier niño, pero para los niños con TDAH o TEA, puede ser más difícil regular los sentimientos de tristeza o ira cuando se les pide que cambien de tarea. Para los niños con TDAH o autismo, las diferencias neurológicas en el cerebro dificultan nombrar y procesar las emociones y controlar las reacciones impulsivas a esas emociones. Además, a menudo experimentan las emociones con mayor intensidad, lo que da lugar a comportamientos desafiantes y hace que sea más difícil calmarse. 

Para los niños con TDAH, los problemas con el control de la atención también pueden dificultar las transiciones. Las personas con TDAH pueden hiperconcentrarse en una actividad específica, lo que hace muy difícil para su cerebro alejarse de la tarea que están realizando.  

Siga estos pasos para ayudar a su hijo a cambiar de actividad sin dificultades. 

  1. Mantén una rutina

A menudo, los niños gestionan mejor las transiciones cuando forman parte de una rutina normal. Esto es especialmente cierto en el caso de los niños con TDAH o TEA, que pueden desequilibrarse cuando su rutina cambia de forma inesperada. En la medida de lo posible, intente seguir pasos y horarios similares para las actividades y tareas diarias, incluyendo el tiempo de juego, las comidas, las tareas domésticas y la hora de acostarse.

Por supuesto, la vida es complicada y habrá muchas ocasiones en las que tendrás que pedirle a tu hijo que cambie de tarea de forma inesperada. Además, a medida que tu hijo crezca, naturalmente necesitará hacer añadidos y cambios en su rutina. Cuando no sea posible seguir lo habitual, prueba algunos de los siguientes consejos.  

  1. Identificar transiciones desencadenantes

Para ayudar a su hijo a prepararse mejor para las transiciones difíciles, es útil saber cuáles son las más difíciles para él. Piense en un día completo con su hijo y anote las transiciones diarias que suelen provocar comportamientos desafiantes. ¿Es ir al colegio, tener que apagar un programa de televisión, prepararse para ir a la cama? Anote estos momentos. Probablemente no podrá predecir todas las transiciones desencadenantes (más adelante hablaremos de ello), pero ser consciente de qué cambio de actividad es más difícil para su hijo les ayudará a ambos a estar más preparados. 

Intente comprender la causa por la que la transición resulta difícil. Puede que su hijo simplemente no quiera terminar una actividad o realizar la actividad que usted le pide, pero la razón también podría ser algo del entorno que le cuesta comunicar. Quizás no le guste cepillarse los dientes porque la sensación del cepillo le resulta incómoda, o no le guste ir al colegio porque hay demasiado ruido. En estas situaciones, a veces pequeños cambios (un cepillo de dientes automático en forma de U, auriculares) pueden marcar una gran diferencia. 

  1. Hágales saber qué pueden esperar. 

Para los niños que tienen dificultades para cambiar de actividad, es fundamental prepararlos para la transición. Antes de que su hijo comience la actividad, explíquele claramente todo lo que necesita saber. Por ejemplo: «Puedes jugar con el iPad durante 10 minutos. Voy a poner un temporizador. Cuando suene, necesito que dejes el iPad y te laves las manos para cenar». También puede ser útil anticipar las consecuencias naturales: «Si no puedes apagar el iPad cuando llegue la hora, no podremos ver la película esta noche». 

Muchos niños también se benefician de apoyos visuales, como un tablero «primero/después» o un horario visual. Estos garantizan que su hijo comprenda lo que se espera de él cuando pasa a una actividad que le gusta menos. También pueden motivarlo a completar una actividad que le gusta menos si sabe lo que vendrá después: «Después de cepillarte los dientes, podemos leer tu cuento favorito». Puede encontrar apoyos visuales descargables en Internet o simplemente utilizar una pizarra de borrado en seco para dibujar o escribir lo que viene a continuación. 

Siempre que sea posible, ofrezca opciones a su hijo para ayudarle a sentir que tiene más control sobre una transición difícil. Por ejemplo: «Después de cenar, tienes que lavarte los dientes y ponerte el pijama. ¿Qué quieres hacer primero?» o «Sé que acostarse es difícil. ¿Te gustaría escuchar un audiolibro o música suave para ayudarte?».

  1. Utiliza un temporizador y envía recordatorios

El uso de un temporizador visual suele ser útil para que los niños sepan cuánto tiempo les queda. Para los niños que aún no saben leer la hora, asegúrese de utilizar un temporizador con un disco de colores que permita ver claramente cómo va disminuyendo el tiempo. Deje que su hijo elija su propio temporizador, ya sea en línea o físico. Déle la opción de ajustar el temporizador él mismo. Estas pequeñas acciones le dan a su hijo más independencia y sentido de control, y hacen que el temporizador sea un objeto positivo. (Si los temporizadores son un estímulo para su hijo, utilice señales verbales y visuales alternativas en su lugar). 

Además del temporizador, dé recordatorios verbales a intervalos durante toda la actividad. Para una actividad de 10 minutos, puede dar un recordatorio cuando falten 5, 3 y 1 minuto. Mientras comunica las expectativas y los recordatorios, asegúrese de tener la atención de su hijo. Esto puede consistir en establecer contacto visual, poner una mano sobre el hombro de su hijo o pedirle que responda para asegurarse de que ha entendido. 

  1. Responder adecuadamente

Cuando llegue el momento de que su hijo haga la transición, es importante dar una respuesta inmediata y adecuada. Si su hijo termina la actividad que más le gusta sin mostrar ningún comportamiento desafiante, preste atención positiva («¡Has hecho un gran trabajo al entrar a cenar justo cuando sonó el temporizador!»). Si se trata de una transición con la que le ha costado mucho y la realiza con éxito, puede ser apropiado darle una pequeña recompensa. Intente que este refuerzo sea lo más natural posible. Por ejemplo, si a su hijo normalmente le cuesta mucho la transición matutina de prepararse y subir al coche, pero lo hace con éxito, ¡déjele elegir la música que escuchan! 

Por otro lado, si le has dado expectativas, imágenes y recordatorios, y tu hijo se niega a hacer la transición o tiene un berrinche, tu reacción puede tener un gran impacto en cómo responderá en futuras transiciones. 

  1. En primer lugar, estos momentos pueden ser frustrantes, pero haz todo lo posible por mantener la calma, ya que esto ayudará a que tu hijo siga tu ejemplo. Si es posible, elimina la actividad preferida. 
  2. Si su hijo tiene problemas para controlar sus emociones, puede reconocer sus sentimientos («Sé que es difícil dejar el parque»), pero evite prestarle demasiada atención a su comportamiento. 
  3. A continuación, si puede, ayude a su hijo a regularse con la estrategia de relajación que mejor le funcione (respirar, contar, etc.) mostrándole cómo hacerlo. Si no sabe qué estrategia de relajación funciona mejor para su hijo, ¡pruebe algunas de estas
  4. Por último, si has anunciado una consecuencia de antemano, es importante que la cumplas. Una vez más, las consecuencias negativas también deben ser lo más naturales posible («Cuando no te preparas para irte a la cama cuando te lo pido, tenemos menos tiempo para leer cuentos»).

La autorregulación es clave

Los niños se enfadan cuando se les pide que dejen de hacer algo que les gusta. ¡Es natural! En el caso de los niños con TEA o TDAH, estos sentimientos pueden intensificarse y durar más tiempo. El objetivo no es que su hijo no se sienta triste o enfadado cuando tiene que dejar de hacer algo que le gusta, sino que tenga las habilidades de autorregulación necesarias para gestionar sus emociones y seguir las peticiones que se le hacen. 

Los niños con TDAH y TDA suelen tener más dificultades para utilizar estrategias de autorregulación en momentos de malestar. La mejor manera de ayudarles a aprender a calmarse es hacer que practiquen esta habilidad cuando no se encuentren en un estado emocional elevado; ahí es donde Mightier entra en juego. Mightier una herramienta de salud mental basada en juegos que ayuda a los niños a aprender y practicar estrategias de relajación mientras juegan. Con el tiempo, estas habilidades de regulación se vuelven automáticas y más fáciles de aplicar en situaciones reales, como una transición difícil.

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